José Guerrero.

Un año vemos como las redes sociales se inundan de arcoíris, «hashtags PrideDay» y frases visibilizando al colectivo LGTB.

La sociedad española se ha reconciliado con ese colectivo que hasta hace bien poco vivía en el ostracismo social, marginado y humillado. Esto ha llegado incluso hasta las filas de la Guardia Civil que como parte de la sociedad también bebe y vive de sus experiencias.

Pero no solo vemos reivindicar, en redes sociales oficiales y no oficiales, aspectos que tienen que ver más con vida social y la «lucha de clases» del siglo XXI: la visibilidad de la mujer dentro del Cuerpo, colectivo LGTB, etc.

Pero ¿acaso no deberíamos ser más reservados? ¿no deberíamos mantenernos imparciales ante los vaivenes sociales? Me resulta preocupante que alguno de los «lobbys» de los que me he referido más arriba terminen por arraigar en el Cuerpo e imponer sus cosmovisiones.

Recientemente hemos visto enfrentamientos entre colectivos LGTB y feministas radicales, y todo por la futura «Ley Trans». Sin entrar en los aspectos que cada colectivo defiende resulta sorprendente ver como ayer los agresores, intolerantes y homófobos eran los hombres, y hoy son precisamente las que dicen defender la plena isonomía entre sexos (que no entre identidades sexuales). Curiosamente hoy día en el país vecino de Francia gran parte de los homosexuales se han decantado a votar a partidos ultra (como los de Marine Le Pen) precisamente por el avance de posturas homófobas por parte de los «nuevos franceses». No quiero entrar en polémicas, con esto simplemente quiero reflejar lo complejo que resulta los movimientos sociales y lo peligroso que resulta decantarse hacia estas posturas por moda.

Nosotros, los guardias civiles que compartimos las ideas de AMGC (pondría la mano en el fuego que somos mayoría) nos da igual el sexo, la orientación o la identidad sexuales que les defina, lo único que nos importa es su compromiso con valores que han definido desde siempre a la Guardia Civil: honor, vocación de servicio, sacrificio y patriotismo. El único orgullo que debemos celebrar los guardias civiles hoy y siempre es el de seguir firmes en el compromiso de defender España, a los españoles y el ordenamiento jurídico; honrar a nuestros compañeros caídos; y emular el ejemplo de los que nos precedieron. Y es que cuando uno viste el uniforme deja de ser ese individuo (hombre o mujer) para convertirse en guardia civil, y el guardia civil no viste ideología alguna, obra (o debería obrar) con independencia y anteponer cualquier opinión, idea o credo a su servicio público.

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