José Guerrero.

Por todos es sabido que los guardias civiles, como militares profesionales que somos debemos dispensar un especial respeto cariño y aprecio a los símbolos nacionales, y, por encima de todo, a la Nación y al pueblo español.
Como parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE), nuestra labor la realizamos al amparo del estado de derecho y de la Constitución como máxima norma fundamental del Estado. Todo ello sin descuidar nuestros valores: honor, lealtad, abnegación y espíritu de sacrificio.

Sin embargo, últimamente, estamos asistiendo a un panorama en el que se aprecia lo que podría denominarse ‘cierta dejadez’ en algunos miembros de nuestra institución que por su ‘acción u omisión’, podrían estar faltando gravemente a nuestros valores y deberes. Eso es algo que deberíamos erradicar.

Para ilustrar el citado axioma narraré los sucesos que algunos compañeros vivieron en Cataluña, pues todos tenemos grabados en nuestras mentes los altercados que se sucedieron en todos los municipios catalanes -con mayor o menor intensidad- los días anteriores y posteriores al 1 de octubre.

La sensación de inseguridad y el miedo a los secesionistas, hizo que se dejasen de observar los principios con los que he iniciado este artículo. Ello condujo a que en algunos cuarteles se ordenase retirar la enseña nacional para evitar con ello provocaciones innecesarias.

Cuando escuché, por vez primera, esta suerte de órdenes y, sobre todo, su razonamiento, quedé perplejo. En apenas 100 años la Guardia Civil ha pasado de defender la posición fiada por la superioridad, literalmente, a capa y tricornio.

Los guardias civiles, nuestros antecesores, dispusieron sus vidas antes que arriar la enseña y ceder a la posición. En cambio, en pleno siglo XXI, a la mínima expresión de hostilidad se arrió bandera.

¿Esa es la Guardia Civil que queremos? ¿Una Guardia Civil carente de gallardía; amansada ante los enemigos de la Nación, del estado de derecho y del orden constitucional; una Guardia Civil de Instagram, Twitter y Facebook; una Guardia Civil de postureo?

La respuesta, a mi humilde parecer, debería ser “no”. Esa no es la Guardia Civil que quiere España y los españoles, parece ser que algunos se han vuelto frágiles y débiles, pues no ser deberían anteponer las filias y fobias de algunos por encima del Deber y el Sacrificio.

Con una situación como la descrita, no es difícil encontrarse con superiores jerárquicos que en lugar de arengar a sus subordinados a cumplir con su cometido ejemplarmente, se agazapan presuntamente en sus oficinas y permiten el deshonor del Cuerpo al ordenar arriar la bandera de España. Todo ello acompañado de uniformados que huyeron de una muchedumbre de incívicos que les recibió a pedradas, tal y como publicaron los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales.

Lejos quedan los días en que los guardias civiles no cedían. Prueba de ello son las hazañas que se detallan a continuación: la del cabo Lucas el catorce de julio de 1895 en el puesto Provincial (Cuba), cuando 200 guerrilleros cubanos les asaltaron; los veinte guardias civiles y un teniente en el Fuerte Taguasco, donde defendieron durante seis días la posición hasta que, agotada la munición, se les autorizó a rendir el fuerte; el cabo Rojo Franco, comandante del Puesto de Guayos que defendió hasta el final su posición; o el Puesto de Dolores, mandando por guardias civiles, que hasta en dos ocasiones resistió heroicamente la envestida de 500 insurrectos cubanos. Relatos, verídicos todos ellos, en los que los guardias civiles fueron recompensados con la Cruz de San Fernando.

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