La segunda fundación de la Guardia Civil

la Guardia Civil ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos.

José Guerrero.

Si preguntamos entre los historiadores del mundo clásico nos dirán que, a lo largo de su historia, Roma tuvo que adaptarse para evitar ser destruida por otras potencias. Muchos de esos mismos historiadores nos dirán que esas adaptaciones supusieron la refundación misma de la ciudad. Desde Rómulo y Remo, pasando por las reformas de los Graco o las de Mario, entre otras, permitieron que una humilde ciudad del Lacio se convirtiera en todo un Imperio.

Guardias civiles desfilando.

Como Roma, la Guardia Civil ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos. Desde que el Duque de Ahumada la fundara un 13 de mayo de 1844, la Benemérita a experimentado cambios que han afectado en mayor o menor medida a la vida de sus integrantes. Sin duda el cambio que más convulsionó la estructura interna del Cuerpo fue el surgimiento del movimiento sindicalista. Su lucha sirvió para abrir paso al movimiento asociativo.

Es indudable que, desde que se creo el Consejo Asesor de la Guardia Civil y se permitió la participación de todas las escalas del Cuerpo, las condiciones socio-laborales de los guardias civiles han mejorado considerablemente. Pero lejos de lograr que fraguara un mayor consenso entre todas las escalas y todas las sensibilidades existentes en la Benemérita, se experimentó una lucha. Cada sensibilidad, cada escala, comenzó a pujar por sus ideas e intereses; como una lucha entre optimates y populares. Tal es así, que la rumorología ha hecho correr todo tipo de suposiciones. ¿Es cierto qué los vocales del Consejo hayan pretendido ser condecorados por sus servicios? Estas pugnas y el desconocimiento de buena parte de los miembros del Cuerpo hacían las funciones del Consejo, han contribuido a correr un tupido velo en torno él.

Hoy día el enfrentamiento viene marcado por la retribución económica, fractura que ha destacado más desde que el actual Ejecutivo anunció que cumpliría con el pago del tercer tramo de la, mal llamada, Equiparación Salarial. Y es que, los oficiales consideran que quien más responsabilidad tiene, más debe cobrar, las escalas subordinadas lo contrario. La fractura crece y la Guardia Civil no cuenta con un Caudillo -que nadie se escandalice, pues nos referimos a un Director General que ejerza su cargo con el respeto, la justicia y la firmeza que requiere- que imponga una solución, algo tan sencillo como aplicar la máxima salomómica.

Nos encontramos en ese momento de la historia que determinará que será de la Guardia Civil.

«Carga de la Caballería de la Guardia Civil» óleo de Ferrer Dalmau.

Pero, el reparto del stipendium es el menor de nuestros problemas, y es que sus disputas, sus dimes y diretes nos acaba afectando a todos. Enfrentando a unos guardias contra otros, a ver al mando, o al subordinado, como el problema y finalmente esto repercute en la calidad del servicio que prestamos. Por el camino, a lo largo de estos años, hemos convertido nuestras Institución en un lodazal que amenaza con mancharlo todo.

Nos encontramos en ese momento de la historia que determinará que será de la Guardia Civil. Y es que, con todo el barullo que se ha formado por el reparto del tercer tramo, se han quedado muchas cuestiones sobre el tintero. ¿Qué ocurrirá con los SEPROSE? ¿Se vaciarán los puestos?

De momento el «proyecto piloto» que se está instaurando en algunas comandancias apunta a que, con la equiparación de CES, las unidades se seguridad y protección (UPROSE) refuercen los puestos de seguridad ciudadana; no existe ninguna orden, ni directriz al respecto que lo regule, pero aún así se ha abierto la veda a emplear a las UPROSE en cometidos de Seguridad Ciudadana. Cabe indicar al lector que, los cometidos principales del SEPROSE es la de vigilar y proteger edificios e instalaciones públicas, así como la conducción y custodia de presos y detenidos, sus funciones vienen determinadas por su destino, no por su retribución salarial. Este «proyecto piloto» abre paso a que otras unidades con funciones diferentes (labores burocráticas, especialistas, etc.) puedan reforzar los puestos, tan carentes de gente y esto es, un cambio más que sustancial en la Guardia Civil.

Con todo, hay que reseñar, que la DGGC esta incrementando el número de plazas en las escalas de suboficiales y oficiales, otro indicativo de cambio. Hasta la fecha, han corrido todo tipo de habladurías como que las áreas de los puestos pasarán a ser mandadas por tenientes y las compañías por comandantes. Pero nosotros seguimos mirando más lejos. La calle; la seguridad ciudadana, desde 2015 ha experimentado una merma considerable en efectivos, si ahora se aumenta el número de oficiales y suboficiales. ¿Quién hará el trabajo de calle? ¿Saldrán los Jefes de área a coordinar los servicios de seguridad ciudadana?

Mucho me temo que no va a ser así, y es que ya no se mira por el bien colectivo, sino por el interés individual. Hemos cambiado el «Todo por la Patria» por el «Todo por la Pasta».

Quieren desproveernos de nuestra identidad; del «espíritu de Ahumada» y convertirnos en meros funcionarios con pistola. Nadie dice que tengamos que volver a la capa y el tricornio, pero tampoco recelar de lo que somos, de lo que hemos sido siempre, una gran familia con vocación de servicio que cuando hay un gran peligro o una gran necesidad todos acuden a secundarla, sin objeciones, sin desidia, sin decir «yo estoy de asuntos propios».

Quizá se oportuno sacar a colación aspectos de la historia, para recordar lo que ya ocurrió en el pasado. Y es que, durante el reinado de Felipe IV, con España inmersa en una crisis económica y demográfica, y el Estado involucrado en guerras se tuvo que recurrir al asiento de hombres ricos que armaban compañías y a cambio obtenían el rango de capitán, convirtiéndolos así en hidalgos (baja nobleza, exenta de tributos). Pero estos señoritos no eran los «soldados del rey» que luchaban y morían en los campos de media Europa, no. Estos nuevos capitanes, nombraban subalternos, tenientes de capitán (normalmente un soldado viejo) que era quien hacía las funciones de campo. Esto nos suena mucho a lo que ocurre hoy en día. Pero sigamos. Entre las teorías que tratan el fracaso de las tropas españolas de Felipe IV, se cuenta que el exceso número de mandos, el recelo que se tenían unos de otros y la negativa a cumplir las órdenes, fue lo que impidió afrontar decisivamente las batallas.

«Rocroi, el último Tercio» óleo de Ferrer Dalmau. La obra muestra la que fue la postrera hazaña de los españoles contra Francia; soldados y oficiales luchando y muriendo juntos.

No puedo aventurar el futuro, pero una cosa queda clara, en la edificación de un edificio se requiere del trabajo de muchos obreros y peones, pero pocas veces hace falta la intervención de más de un arquitecto.

El último apeo que nos ocupa es el que siempre ha acechado en las sombras como una espesa niebla que va descendiendo. El devenir de la Guardia Civil es un tema más que recurrente, pero que en el último año estamos viendo como se ha recrudecido. La diáspora de la guardia civil de tráfico en Navarra es el ejemplo más evidente, pero hay otros indicios que apuntan hacía una disolución definitiva de nuestro Cuerpo.

No desvelo ningún secreto si digo que algún colectivo nuestro ha abogado por integrar la Guardia Civil con la Policía Nacional. El actual modelo territorial español, además, apunta a ese fin trágico para nosotros. Y es que, el desprecio que algunos han instaurado hacia la estructura de nuestra Institución, sumado al desprecio que sienten por nosotros algunos políticos -no hace falta señalar, pues son de sobra conocidos, por sus ataques y mentiras constantes- han contribuido a generar una visión peyorativa del primer cuerpo de seguridad estatal.

Quieren desproveernos de nuestra identidad; del «espíritu de Ahumada» y convertirnos en meros funcionarios con pistola. Nadie dice que tengamos que volver a la capa y el tricornio, pero tampoco recelar de lo que somos, de lo que hemos sido siempre, una gran familia con vocación de servicio que cuando hay un gran peligro o una gran necesidad todos acuden a secundarla, sin objeciones, sin desidia, sin decir «yo estoy de asuntos propios». Una Guardia Civil entregada como la que hemos vivido muchos.

Frente a todos estos avatares de nuestro tiempo hay un tercer camino que es el nuestro. Frente al el estatismo de unos y a la disolución de los otros. Solo somos guardias civiles, no tenemos ni laureles ni divisas, solo nuestro Honor, nuestro servicio de entrega España y nuestro deseo de preservar esta institución, refundar sus valores y proyectarla hacia la policía que nuestra Nación necesita para el siglo XXI. Nosotros decimos lo que muchos compañeros piensan, pero que ni el «Vaticano verde» ni el corporativismo asociativo de algunos quieren escuchar. No recelamos de los cambios, recelamos de los que nos quieren hacer cambiar. Nosotros no hacemos Damnatio memoriae, nosotros recordamos. Recordamos cuando en el Norte, oficiales, suboficiales, cabos y guardias trabajaban codo con codo, se ayudaban mutuamente; morían y lloraban a sus caídos juntos. Recordamos a aquellos valientes en las trochas de Cuba y a los primeros «civiles» que campaban en busca de bandoleros, todos ellos, con sus mandos al frente, mostrando mayor arrojo para motivación de sus subordinados.

Nosotros creemos en una Guardia Civil versada en la meritocracia y no en privilegios o favoritismo.

Pero para conseguir llevar a cabo la segunda fundación de la Guardia Civil, necesitamos del apoyo de todos. No queremos ser la generación que «dejó morir» a la Benemérita.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acceso Socios