175 años a tu lado

José Guerrero.

Estamos ya a unos pocos días de concluir el mes de mayo y todavía andamos empachados de la conmemoración del 175º aniversario de la fundación de nuestro emérito cuerpo. Por todas las provincias españolas se han ido sucediendo eventos solmenes en el que se han exaltado y recordado las virtudes y los servicios más egregios y como no, todo buen acto de la Guardia Civil viene seguido por la correspondiente entrega de condecoraciones al personal más distinguido.

De unos años para esta fecha, esta celebración de la fundación del Cuerpo, comienza a tomar mayor suntuosidad y amenaza una vez más con desterrar del santoral Benemérito, la celebración de nuestra Patrona la Virgen del Pilar. Resulta extraño ver que año a año, sea por un motivo u otro, el 12 de octubre esta quedando como un simple acto oficial, reduciendo las verbenas y comidas fraternales, que ayudaban a estrechar los lazos de hermandad de todos los integrantes de la Guardia Civil y sus familiares. Este aspecto es sin duda algo a tener en consideración, al menos para mí, pues vaticino que a la vuelta de unos años la celebración de la virgen del Pilar quedará en un segundo plano debido a esta laicización institucional.

Por otro lado, asistimos, una vez más, al esperpéntico acto de entrega de condecoraciones; esperpéntico por la combinación de dos factores antagónicos entre sí: el guardia emérito al que podemos considerar digno merecedor de la condecoración y «los Otros».

De acuerdo con la Orden INT/2008/2012, de 21 de septiembre, por la que se regula la Orden del Mérito de la Guardia Civil, se recogen las circunstancias bajo las que se concederá las diferentes modalidades. Sin duda la más moldeable de todas las medallas es la cruz con distintivo blanco, para concurrir a ella no hace falta más que sobresalir en la realización de los cometidos encargados. Este pinto es sin duda el que más sorprende, pues hay que tener en cuenta que estas circunstancias son subjetivas y quedan a propuesta del mando, lo cual, como todo el mundo sabe, a quedado como una especie de moneda de cambio sin valor efectivo; a contribuido a restarle valor y crédito a este distintivo; se han convertido en medallas al «desmerito». Día a día vemos en los guardias civiles que prestan servicios de seguridad ciudadana o vial, como realizan auténticas proezas que granjean el cariño y afecto de los españoles: socorros, rescates, reanimaciones, localización de desaparecidos, etc. Acciones que se han dejado de considerar «meritorias», pero que son el espíritu y la esencia de la Guardia Civil.

A un servidor le rondan por la cabeza una serie de cuestiones como. ¿qué méritos sobresalientes reúne un agente que realiza servicios burocráticos (jefaturas, compañías, planas mayores…)? ¿Qué méritos concurren un agente que no realiza noches, ni expone su vida a los riesgos, ni sale del acuartelamiento?

Quizá si alguien tomara en consideración estas cuestiones todos los guardias civiles condecorados lucirían con orgullo estas medallas al mérito.

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